domingo, 19 de febrero de 2012

CAPÍTULO VIII: Sobre la hipótesis griega.

[ -Recogemos las páginas principales del libro "Textos iberos" (en imágenes); resumiendo a su lado el contenido, para quienes no tuvieran tiempo de leer las hojas fotografiadas. Tras ello y en virtud de lo que se va exponiendo, añadimos nuestros comentarios y teorías. Opiniones personales, disertaciones e hipótesis sobre lo dictado en el libro, que incluimos en párrafos continuados a las fotos y en letra cursiva. Teorías propias que en algunos casos estarán de acuerdo con las incluidas en el texto que resumimos, aunque en otros, serán muy distintas-.]

AL LADO: Primera página del capítulo VIII de TEXTOS IBEROS; en este se explica la tesis sobre el posible origen griego de la lengua escrita por los iberos y cómo esta queda probablemente desechada desde el siglo XIX, debido a un engaño que sufre su mayor valedor: Juan de Dios de Rada. Un ilustre hombre de cultura de hace más de cien años, quien confió en la epigrafía y esculturas que le fueron presentando como "halladas" en un monte cercano a Yecla. Llegando a traducir varias lápidas que habían falsificado y que le dijeron procedian de este Cerro de los Santos, aunque en verdad fueron obra de "un relojero" llamado Juan Vicente Amat. El yacimiento era de enorme importancia y desde 1860 comienza a estudiarse; aunque tristemente el mencionado falsificador (un decenio más tarde) se autoproclama su descubridor. Afirmando así haberlo excavado y tener una colección de arte ibérico de valor incalculable; mezclando esculturas talladas por él, con otras compradas en diferentes lugares, junto a los restos verdaderos que había sacado de aquel Cerro próximo a Yecla.

BAJO ESTAS LINEAS : Retrato de Juan de Dios de Rada y Delgado. Uno de los arqueólogos más insignes de su tiempo (sinó el más prestigiado). Catedrático de Arqueología, Epigrafía y Numismática. Senador del Reino y viajero incansable, completó sus estudios con campañas arqueológicas por todo Oriente Medio, Egipto y Grecia; llegando a ocupar los cargos más relevantes del mundo de la cultura y la Historia en nuestro país en el último tercio del siglo XIX. Dedicó su escrito de ingreso en la Academia de la Historia (en 1875), a las esculturas del Cerro de los Santos; incluyendo tristemente un análisis que abarcaba gran parte de las falsificadas por Amat. Algo que llevó a concluir que era el griego el idioma en que estaban escritos estos epigramas iberos (muchos de ellos falsos, que transcribió y tradujo, junto a otros auténticos). Muy posiblemente, tras este gran engaño y fracaso del prestigiado Juan de Dios de Rada; la tesis de que el idioma de los textos ibéricos pudiera estar emparentado (de algún modo) con lenguas helenas, quedó desechada -incluso "maldita"-.


AL LADO: TEXTOS IBEROS, Continúa la historia sobre el Cerro de los Santos, donde Paulino Savirón y Esteban (académico de San Fernando) fue hacia 1870 enviado a tomar planos del yacimiento y a realizar diversos dibujos de este. Allí, ese famoso grabador entró en contacto con el "relojero" de Yecla (llamado Juan Vicente Amat) quien le vendió un gran número de esculturas que afirmaba él mismo había excavado. Tanto fue así, que Savirón invirtió la mayor parte de los fondos asignados para 1871, al estudio y excavación de aquel antiguo templo aparecido junto a Yecla. Comprando decenas de estas esculturas, que una vez traidas a Madrid ya levantaron sospechas sobre su autenticidad. Poco después se pudo demostrar que una parte se trataba de falsificaciones realizadas por el mencionado joyero, lo que supuso a Juan de Dios de Rada un escándalo. Ello, porque aquel ilustre académico, era además de profesor de arqueología, epigrafía y numismática, el director del Museo Arqueológico y quien había dado el beneplácito para su compra. Para mayor tristeza (como hemos dicho), Juan de Dios de Rada, había traducido gran parte de la epigafía contenida en estas falsificaciones; publicando sus conclusiones en su discurso de ingreso en la Academia de la Historia. Hechos estos, que no solo desacreditaron en parte a este magnífico hombre de cultura; sinó que fundamentalmente dejó absoleta e inaceptable su teoría sobre la lengua ibera, en la que se afirmaba cómo los textos ibéricos habían sido escritos en un idioma cercano a los helenos.

BAJO ESTAS LINEAS: Escultura de un matrimonio oferente del Cerro de los Santos. Este yacimiento que comprende un santuario sobre un monte, situado en Montealegre del Castillo (Albacete); parece que estuvo en uso desde el siglo IV a.C., hasta comienzos del IV d.C. -cuando ya Roma ordena destruir los templos no cristianos-. La gran mayoría de sus esculturas, como la que en la foto vemos, se contienen imágenes oferentes o votivas, fechables entorno al siglo III a.C. (que han de suponerse regaladas al lugar sacro ibérico, por sus fieles). En su gran mayoría, aparecen "retratados" ricos habitantes de la Hispania Prerromana, que lucen precisos tocados, con preciosa joyería y una bella moda, que ha de suponeres procedente principalmente de Cartago y de Oriente Medio. En la foto: Matrimonio (hombre y mujer) iberos que ofrecen una libación -vaso en mano-, ataviados con preciosas túnicas en pliegues y tocados a modo oriental (cargados de ricos adornos). Sus paralelos con la escultura de lugares del Este mediterraneo -como por ejemplo la de Chipre (muy anterior a esta época del Cerro de los Santos)-; tanto como lo "ostentoso" de sus adornos y sus rígidas posturas. Nos hacen pensar que este pueblo asentado en las inmediaciones de Yecla (hace unos dosmil quinientos años), era rico, culto y -sobre todo- muy influido por costumbres del Mediterraneo Oriental.


Parte en este capítulo Mario Gómez-Morán de una "sospecha" fundada, explicando que debido a esas falsificaciones del Cerro de los Santos y al "fiasco" que produjeron las traducciones de su "imitada epigrafía" desde el griego, seguramente se desechó la hipótesis greco-ibérica. Puesto que aquel timo -de seguro- motivó el abandono de la tesis que acercaban la lengua escrita prerromana de nuestra tierra, a alguna de las más antiguas del tronco heleno. Teorías que defendían la raiz oriental de nuestro idioma más antiguo, que nacieron hacia 1850 por dos motivos: Primero tras la aparición de las falsas esculturas de Amat. Pero sobre todo porque habiéndose ya avanzado muy poco en transcipciones con otras hipótesis lingüísticas; ya desde mediados del siglo XIX, los investigadores comenzaron a suponer que aquellos escritos iberos pudieron tener un nexo común con los griegos (o proceder de Anatolia). Tesis, que como decimos quedó "maldita", tras haber traducido Juan de Dios de Rada por este medio gran parte de las falsas inscripciones del Cerro de los Santos. Y que principalmente se abandona, cuando aquel gran hombre de la cultura, que escribió su famoso discurso de ingreso en La Academia de la Historia analizándolas como buenas (hallando etimologías egipcio-helenas). Queda en gran evidencia, al demostrarse poco después que habían sido recientemente grabadas por el llamado "relojero de Yecla".

Un rocambolesco asunto, debido a la mano y a la ambición de un loco, quien entre sus dedicaciones tuvo la de sacamuelas y curandero; pero que se logra asentar como "anticuario, relojero y joyero" en Yecla. Así hacia mediados del siglo XIX, Juan Vicente Amat aparece como "experto" excavador, tras descubrirse el Cerro de los Santos (esculturas que comienzan a aparecer al haberse deforestado un bosque sito en este monte). En este momento, gracias a las dotes de charlatán que tenía el mencionado timador y a su carácter de "tiralevitas" decimonónico; consiguió granjearse la amistad de personajes como Juan de Dios Aguado y Alarcón. Quien en verdad fuera el primer estudioso del Cerro de los Santos, pese a que cometió el tremendo error de considerarlo un santuario visigodo. De igual modo, Aguado, confundido por las palabras y las continuas excavaciones que (decía) iba haciendo el "relojero" Amat, llega a nombrarle en sus escritos como "descubridor" del yacimiento. Tanta relevancia tomó aquel charlatán que pasaron desapercibidos otros trabajos verdaderamente serios sobre el monte de Yecla. Como es el caso los de Carlos Lasalde (insigne religioso de S.J de Calasanz), que fuera el primero en fotografiar el Cerro y en estudiarlo con verdadero criterio. Ni siquiera se dió importancia a los escritos sobre este de José Amador de los Rios; que negaba la consideración de Juan de Dios Aguado, manteniendo con muy buen criterio cómo aquel templo y sus esculturas no podían ser nunca visigodas.

De tal manera, en toda esa historia que envolvía de "misterio" aquel Cerro de los Santos", fue tomando una principal relevancia el que realmente sería un falsificador de muchas de ellas (el antes sacamuelas y curandero, famoso charlatán y timador: Juan Vicente Amat). Tanto fue así, que cuando el Museo Arqueolólgico Nacional envía en 1870 al lugar a Paulino Savirón y Esteban (conocido grabador académico de San Fernando), aquel queda impactado con la colección que decía Amat había excavado con sus medios en el subsuelo del Cerro. Por todo lo que decide invertir el dinero que le habían entregado -para llevar a cabo una campaña de prospeciones y hallazgos durante 1871-; comprando casi toda la colección de aquel. Timando el relojero al propio Museo Nacional, al que vende esculturas adquiridas en otros lugares (de muy distintas épocas) a más de las falsificadas por él mismo. Donde había puesto "gran énfasis", en grabar por su mano inscripciones; marcas y letras, que de mala fe y para que fuera mayor la dificultad en identificar y enteder, hizo incluso entre las piedras originales halladas en el Cerro -signos extraños y que nada tenían que ver con los iberos-.

Pero todo aquello que le reportó tantos beneficios en una época de su vida, terminó por arruinársela. Tanto que finalmente Juan Vicente Amat, moriría hacia 1898 en un hospital de locos ( la Casa de Misericordia de Alicante), tras saberse por todos hacedor de una patraña que obligó a una personalidad como Juan de Dios de Rada, a estudiar sus burdas copias como auténticas (quedando como un "hazme-reir" en parte de Europa). Unas piezas -tan falsas como su escultor-, que no pudieron catalogarse plenamente por entonces, puesto que aquel que las hizo se negó siempre a narrar cuales eran las debidas a su mano y cuales las auténticas. Produciendo con ello el descrédito entre las élites arqueológicas españolas; al conocerse la burla, precisamente gracias a la intervención y estudiosos extranjeros. Quienes las analizaron con menos "sentido patriótico" (y una mayor "frialdad"), determinando su no autenticidad-. Tras todo aquello, nadie volvió a pensar que el idioma escrito por los iberos pudiera estar emparentado con algunas lenguas helenas; teoría de Juan de Dios de Rada, que hacia 1880 queda "vetada" y olvidada (provocando incluso a día de hoy algunas sonrisas, si lo comentamos en foros arqueológicos).


AL LADO: Siguiente página de TEXTOS IBEROS; en la que podemos leer una frase donde Juan de Dios de Rada explica claramente su opinión sobre el idioma ibérico. Diciendo aquel sabio, en su "destripado" discurso de ingreso a la Academia: "¿Qué lengua se habló allí?. Para responder a esta pregunta solo puedo fijarme en las inscripciones descubiertas y que me han sido factibles leer (...) patentizan que la lengua de la región era la griega, modificada por dos elementos; el asirio y el ibérico y muchísimo más por el egipcio. En griego está la bella inscripción del Fénix (...) en griego puro está el epígrafe de silobato". Tras lo que termina diciendo: "El griego era el lenguaje del pueblo", Comparando a continuación, lo que pudo ser aquel idioma heleno entre los habitantes de la Hispania Prerromana, con lo que el italiano es en todo Aragón, o en Levante; donde entienden el habla de Petrarca con enorme facilidad (debido a los nexos habidos entre el lado Este de nuestra Península y la Itálica desde tiempos inmemoriales).

BAJO ESTAS LINEAS: Página del trabajo de Juan de Dios de Rada, publicado en MUSEO ESPAÑOL DE ANTIGÜEDADES:
"Antigüedades del Cerro de los Santos, en el término de Montealegre, conocido vulgarmente bajo la denominación de antigüedades de Yecla" en Museo Español de Antigüedades, Volumen VI, 1.875. En la litografía observamos piezas falsificadas por el "relojero" Amat, entre cuyas inscripciones imitadas a modo ibero, existe una que se repite y dicta algo como "XK O9 ES" (que más bien se parece un número de identificación, aquecualquier epigrafía ibérica). Tristemente, el investigador que entonces era director del Museo Arqueológico, comenzó sus estudios de ibero desde estas del Cerro de los Santos. Así, partiendo de conclusiones que bien pudieran ser ciertas y habiendo llegado a buen fin; por culpa de aquel timador sus tesis fueron víctima del mayor descrédito (lo que incluso llegó a desanimar a muchos otros arqueólogos a continuar sus estudios sobre el ibero, temiendo que la epigrafía que le presentaban fuera igualmente "de poco fiar").

Nunca sabremos si aquellas falsificaciones fueron simplemente hechas por el relojero de Yecla, para obtener unos beneficios económicos; o si detrás de todo hubo además el intento de dañar a los investigadores hispanos. Puesto que muy raro resulta que precisamente fueran extranjeros los que descubrieron el timo. A la vez, y muy poco depués algunos de estos que observaron y aseveraron las falsificaciones del Cerro de los Santos, contribuyeron a la compra y exportación a sus paises de piezas ibéricas; algunas tan importantes como La Dama de Elche (que en parte no se adquiere entonces por el Estado Español, al dudar sobre su autenticidad, tras los hechos relatados en Yecla).







AL LADO: Página 47 del libro que resumimos. Viene del epígrafe y párrafo anterior (ver foto superior), en el que comentaba acerca de los idiomas helenos, su antigüedad, extensión y dialectos. Exponiendo cómo tras los descubrimientos de Chadwik y Ventris, se sabe que los minóicos a mediados del II milenio a.C. ya hablaban una lengua cercana a la griega (un pre-aqueo). Suponiendo que tal como dice De Rada, había un idioma para el común entendimiento de los pueblos que comerciaban por mar y que debía ser un dialecto del heleno -al menos en el área Norte del Mediterraneo-. Afirmando Mario Gómez-Morán que sin un permanente contacto y una lengua establecida, que les permitiera hacer intercambios, fijar pactos y etc; es impensable que los griegos pudieran comerciar y menos establecer bases occidentales (emporios en puertos como los que tenían en la Península Ibérica). De tal manera sabemos cómo las ciudades costeras que los helenos fijan en el litoral del Levante, eran verdaderos enclaves sometidos a un "status de colonia" en territorio ajeno.

De tal manera, cree que hubieron de escribir y comunicarse gráficamente con los habitantes hispanos prerromanos, tanto como para llegar a redactar en alfabeto jonio sus "pactos". Todo ello, en ese abecedario arcaico heleno (greco-ibérico) que en nuestras tierras se llega a modificar en parte. Lo que le obliga a pensar (a Mario Gómez-Morán), que realmente había una gran aculturación por parte de los griegos, tanto como para haber llegado a crear un idioma común con el que escribir, pactar y hablar con los iberos (algo que les obligaría a introducir nuevos signos, por ser en algo distinto al griego puro). Pasando tras ello ya a exponer que en los escritos ibéricos se ve una dependencia clara cultural, entre el pueblo prehispano y el heleno. Finalizando con la exposición de que el idioma de la Hélade era común en todo el Mediterráneo, algo que incluso se puede comprobar en la Piedra de Rosetta, que contiene el texto también traducido en esa lengua -pudiendo haber sido en aquella época y para el Mediterraneo, el griego como "una especie de inglés" moderno; en el que comunmente trataban los empresarios, pilotos (de barcos) y gentes que habían de trabajar con, o en el extranjero-.





BAJO ESTAS LINEAS: Portada del discurso de ingreso a la Academia de la Historia de Juan de Dios de Rada. La escultura que aparece en la cubierta del libro es igualmente una de las que falsificó el joyero Amat, lo que da cuenta del daño que hizo a la arqueología de aquel momento el timo que hemos comentado. Tristemente, tras haberse descubierto la patraña y el engaño al director del Museo Arqueológico Nacional, las teorías de De Rada sobre el posible origen mediterraneo oriental de la lengua ibera, quedaron desechadas. Pese a ello, es perfectamente creible la hipótesis que afirma como el pueblo metalurgio (llegado desde Creta, Chipre, el Egeo o Anatolia) que colonizó la Península en el Bajo Bronce; fue el mismo que trajo un idioma, imponiéndolo en casi toda la Península. Siendo aquella lengua llegada desde Oriente (principalmente en el II milenio a.C.), la misma que luego hablarían los habitantes prerromanos. Ello, por efecto de una aculturación, debida a la búsqueda de metales que por todo el territorio y durante varios siglos llevaron a cabo gentes venidas desde el Este y por mar (algo que es a nuestro modo de entender la forma acertada de entender esta teoría dl origen "semi-heleno" del ibero).


Tal como en el pie de foto anterior exponemos, en nuestra opinión personal es una hipótesis perfectamente plausible, creer que la lengua que hablaban en común los iberos antes de la llegada de Roma, les había sido impuesta por sus colonizadores (muy anteriores a los latinos). Ello se muestra y se demuestra, porque al ser conquistados por los romanos les sucedería lo mismo; llegando a hablarse latín en toda la Península, en pocos siglos (por no decir "en pocos decenios" -para lo que basta tan solo que nazca una generación nueva que se eduque en la nueva lengua-). Por otro lado, evidentemente parece lógico pensar que en las colonias fenicias y griegas, se hablara como lo hacían aquellos llegados desde Oriente. Siendo evidente que así fue, porque hay epigrafia griega y fenicia en estos puertos como Gadir, Sexi o Ampurias. Por lo que siendo esos escritos púnicos y helenos, muy distintos a los que estudiamos; nos debemos plantear: ¿Qué lengua era esa otra, que redactaban en un alfabeto tan distinto los iberos?.

Según De Rada se trataba de un idioma "mezclado", de origen griego pero con raices comunes a los de Oriente Medio, e incluso influido por el egipcio. Pese a que "aquello" no existe (exactamente) lo más perecido a ese modo de hablar sería el creto-chipriota. Resultando curioso como Juan de Dios de Rada, fuera capaz de formular esta teoría aún años antes de que se descubriera el Imperio Minoico -incluso con casi un siglo de anticipación a que se estudiaran los escritos cretenses-. Llegándose a la conclusión de que así lo hizo porque es lo que dicta el sentido común. "Sentido común arqueológico" que nace tan solo de ver las piezas que se descubren pertenecientes a la Iberia prerromana, cuyo parecido con las de Oriente Medio, Grecia Arcaica y el Egipto coetaneo, es asombroso. De tal modo, si pensamos que aquellos que trajeron los metales y objetos, importaron tambien la cultura y que ellos mismos nos aportaron el idioma y la civilización. La conclusión es esa que dicta: Que lo iberos hubieron de hablar una lengua nacida en la zona de Grecia, Anatolia y Oriente Medio, e influida por otras cercanas a la egipcia (al menos en sus alfasilabarios o signos).

Por lo demás, en mi opinión personal, Juan de Dios de Rada -tanto como Mario Gómez-Morán- quizás tienen un problema al considerar que los primeros que aculturarían nuestras tierras y trajeron su lengua, lo hicieron en la Edad del Hierro. Puesto que yo creo que este proceso de llegada del idioma ibérico -común- se realizó principalmente durante el Bronce (fundamentalnete en la última fase de este). Ello, porque como hemos explicado, desde el 1600 al 1000 a.C., en el Oriente Mediterraneo se suceden terribles convulsiones, que hacen tambalearse primero al Imperio Minoico (incluso al egipcio). Cayendo más tarde (en el siglo XV a.C.) el Hitita, tras lo que posteriormente han de huir de las costas de Anatolia los llamados Pueblos del Mar. Hechos estos que se suceden desde la desaparición de los hititas, hasta el dominio y la profusión del Hierro por todo el Este Mediteraneo. Destruyendo los Hombres del Nuevo Metal, aquellos imperios que se habían asentado y crecido bajo el Bronce; quienes fueron pasto de los dueños de las armas de hierro (desde el siglo XIV- XIII a.C.). Todo lo que obliga a sucesivas oleadas de personas, que huirían a Occidente; procediendo de aquel mundo del Bronce y del Este mediterraneo, buscando refugiarse en otras tierras -siendo las mejores y más seguras, las más lejanas y ricas (como las nuestras o Italia)-.

De aquella aparición del hierro en Anatolia y de las gentes que huyeron del terrible brazo armado de los bárbaros que luchaban con un metal tan duro como fácil de extraer; se hubo de suceder la llegada de diversos pueblos que buscarían refugio en nuestra Península (o en la italiana). De aquello nacería -sin duda alguna y en mi opinión- el mundo etrusco y el ibérico. Por lo demás, otros de los convulsionados por la caida de las civilizaciones del Bronce y que pudieron establecerse en zonas más cercanas a sus tierras (como Anatolia interior, o la franja del actual Líbano); generaron también unas nuevas culturas, tales como: La Neohitita, o la que se llamó Fenicia. Civilizaciónes muy influidas por las predecesoras, pero que igualmente nacen formando pueblos muy distintos -tras la destrucción del mundo hitita, del minoico y con la profusión del hierro en Oriente Medio (desde el siglo XV al XII a.C., como hemos dicho)-.

Pese a todo ello, los fenicios -al igual que los griegos- no parece que culturizaran a los iberos hasta el límite de enseñarles su lengua. Algo que creemos se demuestra en que existe epigrafía en lenguas semíticas y helenas repartida por toda la Península; siendo estas completamente ajenas a la ibérica. Un hecho que nos obliga a pensar que el idioma de los iberos no era ni el griego (propiamente dicho) ni el fenicio (exactamente). Siendo aquel que -en nuestra opinión- fueron trayendo las gentes venidas del Egeo, de Creta y de Chipre durante este periodo comprendido desde el desastre del Minoico al final del Bronce (del 1600 al 1000 a.C.). Conformando una lengua ibéra, que sería común y en la que escribieron los habitantes penisulares prerromanos; de la que surgiría la última de las autóctonas que quedó en nuestras tierrras (el vascuence). Lengua aún viva, que seguramente es cercana en orígenes al creto-chipriota y por lo tanto está emparentada con el hitita y las caucásicas. Pese a lo que hoy en dia y por su evolución, tristemente quizás el euskera no sirve por si solo para traducir los textos iberos -puesto que habrá evolucionado tanto o más que el "latín que hoy hablamos" en las formas de francés, italiano o castellano-. De lo que en mi opinión, las interpretaciones de los textos iberos, habría que apoyarlas en radicales proto-indoeuropeos anatólicos, egeos (o creto-chipriotas).

Finalmente, la circunstancia de que los jonios escribieran en su alfabeto epigrafía ibérica, demuestra (también en mi opinión) que el idioma hablado por aquellos habitantes de la Península en época prerromana, no era el de los helenos llegados -que simplemente anotaron otra lengua, en un abecedario propio-. Por ello creo que hubo de ser una forma de hablar o escribir distinta a la helena; puesto que de lo contrario aquellos textos inscritos en greco-ibero (como se denomina) simplemente estarían redactados en griego arcáico. Todo ello me lleva a considerar, cómo siendo una hipótesis posiblemente cierta que la lengua de los textos iberos pudo ser de raiz igual a las helenas; no se pueda afirmar que era tan cercana a la griega (tal como De Rada o Mario Gómez-Morán afirman). Llegando a la conclusión propia de que se trataba de un neohitita, o un neo-cretense; idiomas muy anteriores y diferentes a los dialectos helenos (y que curiosamente están emparentados con el vascuence).

SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Diferentes litografías recogidas en MUSEO ESPAÑOL DE ANTIGÜEDADES, que publicó Juan de Dios de Rada en tres ocasiones (las láminas que recogemos son de
:"Antigüedades del Cerro de los Santos, en el término de Montealegre, conocido vulgarmente bajo la denominación de antigüedades de Yecla" en Museo Español de Antigüedades, Volumen VI, 1.875) . Las copias de esculturas que observamos son tan burdas como tristes. Si el lector tiene tiempo para aumentar la foto verá en la parte de abajo de esta imágen, un órbe en medio de "dos pseudo-naves". Mundo redondo (no admitido por Grecia hasta el geógrafo Ptolomeo), que para colmo lleva marcado un Ecuador. Para mayor burla, la figura del orbe no es como en la Antigüedad se representaba, sinó tal como ya Newton la describe (un globo achatado). Como decimos, se encuentra en medio de este Mundo, dos "especie de naves", bajo las que pone hasta ARGOS. Mención clara al viaje de los Argonautas, en el que se narra como Jasón y los suyos, marchando hacia el Este, terminan apareciendo por el Oeste. Ello porque los griegos (como todas las culturas marineras) conocían la esfericidad de la Tierra -pese a ello, darlo a conocer era "anatema religioso"; por lo que tan solo algunos filósofos y astrónomos que dominaban la ciencia, se permitían enseñar la esfericidad del Mundo; no siendo un tema que el pueblo llano pudiera saber, ni menos difundir-.

Eran los años en los que se descubre el Cerro de los Santos, fechas previas al IV centenario del descubrimiento de América (De Rada compra el lote de esculturas a Amat en 1872, veinte años antes de aquel evento). Precisamente es aquella igualmente una época en la que este IV Centenario significaba mucho para España. Un país en plena crisis nacional, que se debatía aún entre las guerras de las pocas colonias que le quedaban (apenas las tres últimas islas: Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas). Viviendo una meteórica decadencia -económica y de valores-; lo que llevó a llegar a solicitar la independencia al Cantón de Cartagena, e intentar hasta que Jumilla fuera un estado federado. En estos años de terrible crisis y cercanos al IV centenario del Descubrimiento, aprovechó Amat para crear esas figuras, entre las que esta del Argos, llegando al Occidente ya parece más una broma de mal gusto referida a la llegada de Colón hasta América... . Tristemente, la buena fe y la inteligencia sin malicia de nuestros académicos e investigadores, se vió literalmente asaltada por la mano del "relojero de Yecla". Tanto que tras comprar aquellas burdas y "burlas" de imágenes, llegaron a formular teorías sobre el origen del idioma y de la cultura iberas. No se sabe cuanta gente sufriría gracias a aquella "broma" hecha por el ambicioso Juan Vicente Amat (muchos y en especial el director entonces del Museo Arqueológico). Pero quizás lo más triste de todo aquello, fue al abandono de las teorías que intentaban unir los orígenes de la Península a Oriente Medio, Anatolia y al Mundo griego; relacionando ciclos míticos -como el del Vellocino de Oro o el de Heracles- con el principio de nuestra civilización. Hipótesis que quedaron desde entonces, como una "triste ilusión" soñada por ajenos a la realidad. Todos aquellos hombres tan ilustres, como Juan de Dios de Rada o Juan de Dios Aguado, quienes habían comprado y admirado las esculturas del "joyero Amat".



ABAJO: Otros ejemplos de estas figuras hechas solo con el fin de engañar a los arqueólogos por Juan Vicente Amat.














viernes, 10 de febrero de 2012

CAPÍTULO VII: Sobre la tesis celtíbera.

[ -Recogemos las páginas principales del libro "Textos iberos" (en imágenes); resumiendo a su lado el contenido, para quienes no tuvieran tiempo de leer las hojas fotografiadas. Tras ello y en virtud de lo que se va exponiendo, añadimos nuestros comentarios y teorías. Opiniones personales, disertaciones e hipótesis sobre lo dictado en el libro, que incluimos en párrafos continuados a las fotos y en letra cursiva. Teorías propias que en algunos casos estarán de acuerdo con las incluidas en el texto que resumimos, aunque en muchos otros serán muy distintas-.]

AL LADO: Comienzo del capítulo VII en el que trata sobre la tesis que afirma cómo el idioma usado en los escritos de epigrafía ibérica es indoeuropeo puro. Un "protocelta" (o un celtíbero), muy emparentado con las lenguas que hablaban los Hombres del Hierro y por lo tanto, cercano a algunas como el gaélico. Comenta Mario Gómez-Morán, que a mediados del siglo XX y tras enormes esfuerzos (por no decir fracasos) en el intento de descifrar durante casi cuatro siglos, los textos iberos desde el vascuence; se inicia una nueva linea de investigación. Surgida probablemente debido a los numerosos hallazgos de inscripciones iberas aparecidos en zonas aragonesas y levantinas. De tal manera surgen teóricos que lo emparentan con el galés (irlandés) o bien con el bretón, pretendiendo de nuevo traducir las inscripciones prerromanas con este sistema. Partiendo igualmente de que el idioma escrito en este alfasilabario es común y único, para todas las tierras peninsulares. Esta última idea de una lengua para todos los iberos es teoría que el autor de el libro que resumimos no considera. Añadiendo entorno a ello, que "entre los científicos se identifica lógica con verdad, porque la verdad suele ser siempe lógica; pese a que la lógica no sea siempre verdad". Cita finalmente los más insignes investigadores que apadrinaron esta nueva teoría del celtiberismo, entre los que se encuentran: Antonio Tovar, Luis Michelena, Javier de Hoz, Antonio Beltrán, J.A.. Correa y Maria Luourdes Albertos.


Como hemos recogido en una de las entradas anteriores, la teoría de Julio Caro Baroja sobre del posible origen y lengua escrita de los iberos, nos parece muy acertada; e incluso imprescindible de mencionar al comienzo del presente capítulo. Ello, porque don Julio, propone que aún pudiendo ser inicialmente el escrito un idioma ibero (puro) y por lo tanto emparentado directamente con el vascuence, hubo de mezclarse de algún modo con otras lenguas que se introdujeron en la Península. Algo que dice y dicta la lógica (sea o no verdad) y por lo tanto de hablar los iberos un idioma común, este tendría que haber tomado palabras de los indoeuropeos que llegaron hasta nuestra Península desde el siglo VIII a.C. (en sucesivas oleadas, atravesando los Pirineos). De ello, lo "parlado" por los iberos habría tenido que conformarse en un momento como "celtíbero", que en un mayor o menor grado, adquiriera un gran porcentaje de vocablos de los "invasores" indoeuropeos.


Hasta aquí, parece que la lógica y la verdad se unen, pero todo ello choca con hechos tales como que las palabras que se contienen en los textos iberos apenas evolucionan. Es decir, que gran parte de las las voces son muy parecidas desde los primeros escritos en estos alfasilabarios -pertenecientes a los siglos del VIII al V a.C.-, hasta los últimos y que datan ya del periodo de ocupación romana (en nuestra era). Tanto que en ellos se encuentran voces repetidas, o casi iguales. De tal manera y como ejemplo citamos el término "SALIRG", que ya lo leemos en el plomo de la Serreta de Alcoy (escrito fechado en los siglos VI al V a.C.), y que también podemos encontrar en innumerables inscripciones localizdas en toda la Península, desde las más antiguas hasta las de última época. Para más curiosidades, el mencionado "plomo de Alcoy" se encuentra redactado en alfabeto jónico antiguo, llamado greco-ibérico; cuyos caracteres y signos nacen en el Egeo y fueron usados principalmente entre los siglos VIII y VII a.C.. Un arcaico abecedario heleno, en el que también se escribió el idioma ibero, en la zona del Levante. Ello, unos doscientos años despúes de quedar obsoletos esos signos en su lugar de origen (la Jonia) -existiendo al menos una decena de ejemplos de este tipo de textos greco-ibéricos-.

Todo lo que hace pensar, que si durante más de ocho siglos, se mantuvieron unos mismos vocablos en esa epigrafía ibera, el idoma usado ha de ser anterior o contemporaneo a los años en los que precisamente se desarrolla y difundieron profusamente sus alfasilabarios. Lo dicho anteriormente obliga a deducir que nuestros antecesores peninsulares escribían en un idioma que ya había "cristalizado" hacia los siglos VII y VI a.C.; que además debía ser muy común en toda la Península (pues en los textos se repiten unos mismos vocablos siempre y en diferentes lugares). A la vez que tras observar esta primera circunstancia, hemos de partir de otra premisa como lo es: Que no necesariamente la lengua que escribieron, fue la misma que hablaran (comunmente) todos los habitantes prerromanos de nuestras tierras.
De tal modo lo único que podemos afirmar es que aquello que leemos en su epigrafía, era el idioma en que redactaban sus pactos y con el que inscribían sus nombres, lápidas o marcas. Una lengua que quizás solo mantuvieron para entenderse en común y preferentemente para recogerla en textos. Nos referimos con ello a un idioma principalmente escrito, heredado y antiguo; enseñado (o impuesto) por los colonizadores peninsulares de la Primera Edad del Hierro -antes de la llegada de los Celtas-. Un modo de hablar y redactar, que pudo mantenerse durante siglos transmitido y escrito por los sacerdotes (o entre la élites ibéricas); a quienes además les serviría como aglutinante cultural y social. Permitiendo comunicarse a todos los habitantes de la Península con aquella palabras comunes, que recordaban perfectamente por haberlas inscrito en su alfabeto. O bien por ser mantenidas entre los nobles, sacerdotes y militares, como un medio de crear ligas entre los habitantes peninsulares. Un hecho muy común entre las lenguas de élite (como hoy sucede con el inglés en las Universidades), o el mismo caso ocurrido hasta hace bien poco con el latín. Que fue igualmente una forma de hablar y escribir importanda y divulgada por los colonos que nos civilizaron; tanto que en su recuerdo, las élites, los sacerdotes y las personas cultas, siguieron hablando y escribiendo como aquellos hasta hace poco menos de quinientos años.

Cuanto redactamos, lo afirmamos partiendo de evidencias tales como la de que el alfabeto ibero les fue enseñado a los habitantes de la Península por gentes venidas desde el Este y por mar (los primeros "indicios" de estos signos aparecen ya por el siglo XI a.C.). Dándose los iniciales alfasilabarios en la zona turdetana (tartessia -la actual Andalucía-) en épocas contemporaneas a las primeras colonizaciones del Hierro, llegadas desde Oriente Medio por mar (fenicios, anatolios y gentes venidas de las cosas cretochipriotas). De ello, el desarrollo de sus signos es puramente creto-fenicio o creto-chipriota, constituyendo el alfabeto ibero uno de los últimos silábicos (característoca puramente de los idiomas egeos e hititas; sobre todo de los escritos en la zona de Creta y Chipre).


Por lo demás, en cuanto se referiere a un segundo modo de escribir aquella lengua prerromana peninsular, que ya hemos citado: El alfabeto greco-ibero, redactado en caracteres jónicos. Surge de manera coetanea a los siglos en que comienza la colonizacíón heleno-oriental de nuestras costas levantinas. En los años en los que se sabe fundan los griegos -focenses o rodhios- ciudades tales como Hemeroskopion (Denia), Akra Leuke (Alicante), o Alonis (cala de Finestrat, junto a Benidorm -en zona cercana a Alcoy-). Habiéndose hallado en Levante algunos de estos escritos en alfabeto jonio y lengua ibera, fechados entre los siglos VI al V a.C.. De lo que podemos deducir, que sabiendo tal como cita Rufo Festo Avieno en su Oda Marítima (también coetanea a esta epigrafía ibera); que durante los años en que el "marsellés que lo redacta" realiza su periplo, va divisando las ruinas o los restos de aquellos puertos greco-ibéricos, sitos frente a la zona de Isla Planesia (la actual isla de Tabarca). Parece evidente que los textos greco-ibéricos se redactaron en el periodo de ocupación helena de aquellas ciudades y puntos estratégicos, cercanos al actual Alicante, Benidorm o Denia. Siendo aquella forma de escribir con un abecedario griego arcaico, un "sucedaneo o segunda forma" de redactar el idioma ibero. Pese a lo que las palabras que recogen ambas fórmulas, eran comunes e iguales.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, narra cómo tras una primera fase en la que los iberoceltistas creen haber dado con la clave para poder taducir los textos prerromanos, pocos años después la investigación en esta linea cae en un "pesimismo", llegándose incluso a abandonar la teoría por muchos de los que la comenzaron (entre ellos Michele Lejeune). Posteriormente y como ejemplo de la difucultad del iberoceltismo, cita una disertación del mismo Hans Schwertek, publicada no hace mucho por la Universidad de Salamanca, en la que pretende hallar el significado del radical ibero que se repite en algunos textos con los signos: "TOG". Sobre el cual comienza identificándolo con varios indoeuropeos y celtas, cuya traducción es "teja, techumbre", llegándolo a comparar con el euskera "TOKI" que se relaciona con "cochiquera" , "establo cerrado". A lo que Mario Gómez-Morán simplemente indica que desde el griego "TEGOS" (  ), o desde el latino "TÉGULA" (teja) o TECTUM (suelo, techo), se hubiera llegado a traducir el mismo vocablo. Ello porque al fin y al cabo, tan indoeurpoeos son el griego y el latín, como las lenguas celtas o indogermanas.

ABAJO: Más interesante a mi juicio para intentar comprenser de dónde vino este idioma ibera, sería comenzar por observar las similitudes entre el alfabeto ibérico y los semitas. Alefatos desarrollados desde el siglo XV al IX a.C., principalmente en la zona del actual Líbano e Israel. Viéndose en la imagen que recogemos los enormes parecidos con los signos usados en la Península Ibérica. Aunque queda por salvar o explicar el hecho de que en nuestras tierras se usara un medio silábico (no solo por letras), algo tipicamente cretense, chipriota y Anatolio. Por una influencia en Iberia, muy clara de la escritura neo-minoica, neo-hitita o neo-chipriota (herederas de los imperios desaparecido desde los siglo XVII al XV a.C.).

En la imagen bajo estas lineas: Evolucion alfabeto tal como la recoge Parrot Chehab y Moscati, en su libro "Los fenicios" (publicado por ed. Aguilar, Madrid 1978 -pag 265-). Observemos cómo desde aquellos signos primeros, ya se desarrolla un alefato "clasico fenicio" hacia el siglo IX a.C., que pronto pasa a "tierras griegas" y se conforma en el abecedario arcaico heleno (similar al que se usa en los textos iberos "jonios levantinos"). Por lo demás, a nuestro juicio, los alefatos fenicios y arameos creemos que realmente nacen del Protosináico y del Bibliota; partiendo de símbolos usados desde los siglos XVI al XIV a.C. en estas zona del Sinaí y de la costa de Biblos. No teniendo como rama común el Ugarítico (tal como vemos en el cuadro bajo entas lineas, sonde se observa como alefato primigenio el que para estos autores aparece como antecesor común: El de Ugarit (que realmente es un cuneiforme y no un alfabético, como si lo era el escrito en el Sinaí hacia el siglo XVI a.C.).














Evidentemente, el problema del celtiberismo, tal como lo plantea Mario Gómez-Morán no deja dudas en sus dificultades y las trabas que tiene mantener que los textos iberos están redactados en una lengua indogermana. Ello, porque para traducir en base a radicales celtas, toman una voz leida que luego han de ir comparando, junto a varias similares en lenguas de este mismo origen (gaélicas, bretonas etc). Idiomas indoeuropeos entre los que confundidamente llegan a incluir el vascuence, con el que comparan tambien su fonética (el eukera claramente no es indoeuropeo, aunque de seguro se han introducido en el vascuence muchas palabras celtas y latinas a lo largo de sus más de tres mil años de historia). Tal es la dificultad de la hipótesis celto-ibérica, que en ocasiones pueden resolverse los radicales que presenta en sus traducciones e interpretaciones, directamente desde el griego o del latín (tan indoeuropeos como las de rama indogermanas, y que por ello contienen sus radicales comunmente emparentados). De lo que aquellas traducciones que se llegaron a crear partiendo de la teoría celta, terminaron por generar una profunda incertidumbre entre quienes así las analizaban. Abandonándose en gran parte esta teoría a fines del siglo XX.





Pero, al margen de lo dicho, hemos de apuntar otro dato que en mi opinión es de gran importancia. Ello parte de lo señalado anteriormente, cuando hemos dicho que las primeras inscripciones iberas comienzan en el Sur Peninsular y hacia el siglo IX y VIII a.C. (época plenamente tartessia y de colonización fenicia meridional). De lo que estando conformado el alfasilabario ibero ya en el siglo VIII y VII a.C., se hace imposible pensar que en todo aquello hubiera una "participación celta". Ello, por dos motivos: Primero, porque en ese tiempo aún no se habían asentado ni había nacido el mundo celtíbero. Segundo porque este pueblo indogermano era totalmente ágrafo . No decimos propiamente analfabeto, puesto que guardaba "unas ciertas formas de escritura" secretas (modos de comunicarse a través de las manos o marcas de árboles). Pese a lo que los celtas tenían prohibido escribir, por designio y prescripción religiosa; tanto que sus druidas debían aprender todos sus conocimientos de memoria durante años de estudio. Enseñanzas que comprendían más de un lustro y en los que habían de recordar más de veintemil versos, que jamás podían redactar (tal como Julio César explica claramente en La Guerra de las Galias).

Cuanto hemos expuesto en el párafo anterior hace "frenar" la hipótesis celtíbera, ya que sabemos y puede demostrarse cómo el pueblo celta era ágrafo. Por lo que ha se suponerse que al escribir los celtas llegados a la Península, hubieron tenido que hacerlo tras adaptarse a los rituales, religión y costumbres propiamente iberas (ajenas a su cultura -tanto que no existía druidismo en la Hispania prerromana-). Y, aunque no negamos que aquellos textos ibéricos pudieran contener palabras indoeuropeas (filtradas ya a la lengua peninsular antigua, tras la llegada de los invasores celtas); muy raro es pensar que si los celtas no habían escrito en sus lugares de origen (Centro Europa, ni en la Galia ni en las Islas Británizas), al llegar a Iberia comenzaran a hacerlo.

Todo ello hace deducir que la escritura de la Península en época prerromana, fue puramente ibérica (y valga la redundancia). De lo que sabiendo que aquel idioma se origina en el Sur y en las costas; por lo tanto el idioma usado había de corresponderse con una lengua común a toda la Península; sinó hablada, al menos sí escrita ya desde el siglo VIII en el litoral meridional (lo que ratifican las aparaciones de epigrafía en alfasilabarios, dede tiempos cercanos a comienzos del primer milenio a.C.). Época en la que no había sido realizada la "ocupación" celtiberíca de nuestras tierras; puesto que aunque los primeros indogermanos pasan los Pirineos entorno a los siglos XI y X a.C.; realmente no será hasta el VIII a.C. cuando comiencen a extenderse los celtas -principalmente por la Meseta Central y el actual Aragón, generando el mundo celtibero-. Invasión indogermana venida desde la Galia, que sucede como hemo dicho, en un tiempo en el que ya existía el mencionado silabario ibero, procedente de las costas y de las zonas meridionales (completamente ajenas al lugar por donde fueron penetrando los mencionados Celtas). Todo lo que hace deducir que fueron los celtas establecidos en la Península los civilizados por los iberos, quienes les enseñan a escribir en sus carácteres y a seguir sus costumbres (ajenas a la grafía).

Los dos hechos antes señalados: Primero, que el alfabeto ibero nazca en las zonas del litoral y del Sur; muy lejanas al área donde comienzan a establecerse los primeros celtas peninsulares. Segundo, que en los años de expansión y nacimiento del "mundo celtíbero", ya se había dado la epigrafía ibera (principalmente en las costas del Sur y orientales de nuestras tierras). Obligan a pensar que fueron los celtas los que se adaptan un sistema de escritura ibero y nunca viceversa. Hecho este que se demuestra en que como dijimos, los indogermanos (galos, belgas, germanos o britanos) fueron en su mayor parte ágrafos hasta bien entrada nuestra Era (muchos hasta plena Edad Media). De tal manera no teniendo los celtas un alfabeto más que de tipo secreto (como el Ogham, que es muy tardío) y nunca habiendo escrito con signos similares a los ibéricos -alfasilabario que siquiera cruza los Pirinenos, para imponerse entre los galos-. Se hace evidente que se trata de una escritura propiamante peninsular, nacida gracias a las importanciones culturales traidas por los colonos venidos desde el Oriente mediterraneo -al menos ya en el siglo IX a.C.-  llegados hasta nuestras costas del Sur (nunca entrados por el norte)-.


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, página 42 de TEXTOS IBEROS, en la cual sigue exponiendo las múltiples dificultades que entraña la hipótesis celtíbera, destacando la extraña traducción que dan al "Bronce botorrita". La que no parece adecuada para una inscricripción realizada este soporte: Una gran placa broncínea, que por su gran coste y tipología, no parece el medio más común para "escriturar una finca", o delimitar unos linderos privados (conclusión a la que llega la interpretación desde radicales indogermanos).
ABAJO: Muy por el contrario, el idioma y el alfasilabario ibérico parece proceder del Mediterraneo Este, venido con las colonizaciones de los metalurgios llegados desde Creta, Chipre, Oriente Medio y Anatolia desde los siglos XV al VII a.C.. Sus signaros lo confirman, tanto como todos los rasgos que se dan en las civilizaciones o sociedades ibéricas que se desarrollaron en nuestra Península desde el III y II milenio, en icluso a comienzos del I milenio a.C.. Pudiemdo llegar a la conclusión de que debido a la riqueza de minas y a la imensa proliferación de yacimientos existentes por toda la Iberia Prerromana (en especial de cobre, estaño, plata y oro); hasta aquí se llegaron y asentaron los principales pueblos metalurgios del Mediterraneo Antiguo. Siendo estos y por orden: Primero, Creta y Chipre (desde el III milenio y hasta mediados del II a.C.). Más tarde, los Hititas y anatolios, junto a los Egeos, con Micenas al frente; lo que se mantiene hasta la afluencia del Hierro, en el siglo XII a.C.. Finalmente, los Fenicios y los Helenos, quienes fueron los sucesores de los anteriores y que generaron grandes rutas comerciales y de transporte con los metales iberos (thalasocracia que rengentan desde el siglo X al VI a.C. y que más tarde heredaría Cartago).
Bajo este párrafo foto de una estela de tipo tartessio, denominada "de guerrero" (procede de Las Herencias, fechada en el siglo VIII a.C y propiedad del Museo de Santa Cruz, Toledo; al que agradecemos nos permita divulgar su imagen). Fueron estas, las civilizaciones orientales asentadas en Turdetania, las que consideramos divulgaron la escritura y el idioma ibero; que se origina precisamente en tiempos muy remotos y en la zona que hoy corresponde a las costas de la actual Andalucía. Por su parte, es de mencionar que estas estelas claramente tartessias, comunmente halladas en el Bajo Guadalquivir, en el Alentejo y Algarve, tanto como en Extremadura. Aparecen por toda la Península (aunque de manera menos regular); habiendo sido halladas también un gran número en el área occidental de Castilla y León; existiendo algunas en Aragón (e incluso encontrándose en Zonas de Navarra y hasta en los Pirineos).






Lo que hemos expuesto, repetimos que nos obliga a pensar que el alfasilabaro ibero se trata claramente de un modo de escritura de tipo egeo-fenicio (tal como sus signos demuestran). Alfabeto que recogería obligatoriamente en un principio un idioma muy cercano (o igual) al que hablarían los que lo trajeron: Aquellos pueblos metalurgios arribados a zonas de Tartessos durante el Final del Bronce y el Primer Hierro (desde el siglo XII al VIII a.C.). Gentes que, como hemos dicho, eran herederos directos de los otros que vinieron ya en el 2700 a.C. a explotar las minas de plata y estaño en Almería (e incluso las de cobre de Rio Tinto, cuya iniciación y comercio hecho por pueblos orientales se fecha de estos primeros siglos del III milenio). Originando aquellos, la Cultura de Los Millares. A quienes siguieron otros venidos de lugares cercanos a los anteriores (Anatolia, el Egeo y, sobre todo Creta); llegados a tierras de la actual Andalucía hacia el 1900 a.C., en pleno Imperio Minoico, que crearían la segunda gran cultura pre-ibérica: El Argar. Civilización que "curiosamente" cae o entra en declive, a la vez que se destruye Creta y Chipre, tras el desastre del volcán del Tera (en el 1650 a.C.). Lo que obliga a pensar que muchos de los minoicos, teniendo su tierra arrasada por aquel cataclismo sísmico, hubieron de huir al Este (a nuestras tierras); donde ha de suponerse que comenzaron a asentarse en la Península, aunque ya sin los medios que el Imperio de Minos les daba. De tal manera, la aparición de nuevo, de gentes venidas del Egeo y de las poximidades de Fenicia (esta vez como refugiados) llegados desde el siglo XIV a.C., inicia la etapa del Bajo Bronce, que se destaca por su increible joyería. Aquí y tras la dominación de los metalurgios, creemos que se da una unificación idiomática necesaria en la Península -para llegar a la explotación de todos los yacimientos de mineral-, procedente de lenguas anatólicas o cretochipriotas y cuya única heredera es el vascuence (como rama de una lengua caucásica, hititia, eteocretense o protoindoeuropea del Egeo).



 
Esta es una "nueva etapa", surgida tras la destrucción del Minoico; que en la Península comienza desde el siglo 1500 a.C. (aproximadamente), donde lógicamente se produce una decadencia, debido a la crisis provocada en todo el Mediterraneo por el volcán que genera la Caida del Imperio Medio en Egipto (invadido hacia el 1650 a.C. por los bárbaros Hicsos, aprovechando el desastre climatológico y sísimico, que hundió las civilizaciones del Este). Hechos que -como venimos explicando- acaban influyendo en nuestras tierras con la decadencia de la Cultura de El Argar. Pese a lo que en Occidente (la Iberia Protohistórica) se siguen desarrollando unas Sociedades -algo más atrasadas-, pero en pleno contacto con el Oeste mediterraneo; tanto que su calidad en joyería es incluso mayor a la existente en épocas anteriores, tanto como en las zonas de donde procedían los recién llegados (solo comparable a la orfebrería coetánea del Egipto antiguo).

Poco después, hacia el siglo XIII a.C.; tras la aparición y difusión de "El Hierro" en el Este mediterraneo, se dan nuevos movimientos y hasta la desaparición de civilizaciones (principalmente en Anatolia y Oriente Medio); destruyéndose el Imperio Hitita y naciendo Fenicia. Todo lo que produce la primera llegada de gentes venidas por "El Hierro" a nuestras tierras; unos, como huidos de los nuevos dueños de este metal, que sobre el siglo XIII a.C. les expulsan del área del Egeo y arribarían a nuestras costas. Otros (entre los que se hallan los púnicos) llegados ya como colonizadores, cien o doscientos años después de los anteriores. De todos estos pueblos venidos por mar, desde Anatolia y el Egeo; o desde Biblos y Ugarit, resurgieron nuevas culturas, que fueron plenamente herederas de las anteriores que se habían asentado ya firmemente en nuestras tierras. Tras ello y en pleno auge de Fenicia, comienza la colonización púnica del Sur Peninsular; que desde el siglo X a.C. funda grandes puertos y ciudades (como Gadir, Malaka o Sexi). De tal manera y poco tiempo después de cuanto hemos ido narrando resumidamente, aparecerán ya los rasgos de los primeros signos escritos turdetanos (iberos del Sur). "Rasgos" que se conforman entre los siglos IX y el VIII a.C. en el alfasilabario meridional (del cual desciende el alfabeto ibero). De lo que para concluir, diremos que como podemos comprender, la historia de esta escritura es completamente ajena al mundo celta y se debe a la llegada hasta nuestras tierras de gentes que vinieron por mar. Unos huyendo de la destrucción del mundo minoico, otros refugiándose ante las invasiones del Hierro (con la caida del mundo Hitita); y los más buscando metales. Aunque sobre todo el alfabeto y la escritura ibera, se debe a los que tras el siglo X a.C. arribaron a nuestras costas feniciochipriotas y gentes del Egeo, Creta y Oriente Medio; asentándose ya en puertos y ciudades, buscando las riquezas de aquella Iberia Prerromana (mítica por sus metales ya desde el siglo VIII a.C., tal como recoge la mitología grecorromana).



SOBRE ESTAS LINEAS: Foto del increible brazalete de Estremoz en oro de 24 kilates, fechado en el Bajo Bronce (hacia el siglo XIII a.C. y propiedad del Museo Arqueológico Nacional, al que agrademos nos permita divular su imágen). Observemos en esta maravillosa obra de arte, contemporánea o la guerra de Troya; una calidad infinitamente superior a cuanto en Micenas, o en el Norte del Mediterraneo Oriental se estaba creando en esa época. Siendo una pieza solo comparable a las que los orfebres egipcios realizaban. Habiéndose hallado en nuestras tierras infinidad de torques, brazaletes, collares y joyas de esta calidad y tipología; todos pertenecientes a esta etapa del Bajo Bronce. Hemos de pensar que se asentaron en la Península durante estos siglos (del XV al X a.C.), personas cuyo trabajo de oro era excepcionalmente refinado. Solo pudiendo haber sido aprendidas (o importadas) estas técnicas tan depuradas, de orfebres del Oriente Sur Mediterraneo (desde tierras o gentes muy cercanas a Egipto).









viernes, 3 de febrero de 2012

CAPÍTULO VI (conclusiones acerca de las diferentes teorías sobre el ibero-vasquismo)

Tal como venimos haciendo, recogeremos las páginas principales del libro "Textos iberos" (en imágenes); resumiendo a su lado el contenido, para quienes no tuvieran tiempo de leer las hojas fotografiadas. Tras ello y en virtud de lo que se va exponiendo, añadiremos nuestros comentarios y teorías. -Mis opiniones personales, disertaciones e hipótesis, y que incluimos en párrafos continuados a las fotos y letra cursiva. Teorías propias que en algunos casos estarán de acuerdo con las dictadas por el libro que resumimos, aunque en muchos otros son muy distintas-.

AL LADO: Página del capítulo VI de TEXTOS IBEROS, en el que Mario Gómez-Morán habla sobre la situación actual del vasco-iberismo, tras haber expuesto que los estudiosos de los siglos XVIII y XIX que promulgaron y defendieron la tésis de que el ibero fuera el antecesor directo del euskera, eran fundamentalmente sacerdores de la Compañía de Jesús. Sabios muy cualificados y quizás los mejores filólogos habidos en la España de su tiempo, pero cuyo planteamiento choca en algún modo con la realidad científica por la cual durante aquellos siglos en los que formulan esta teoría (hace más de ciento cincuenta años) no se había transcrito el alfasilabario ibérico.
Pese a ello, comenta como hasta la actualidad (año 2003), la teoría vasco-ibérica es considerada por la ciencia como la más acertada; pese a que las traducciones que ha dado han sido muy pobres y sin gran sentido -gramatical, ni lingüistico- .Basándose aquellas en yuxtaponer vocablos vascuences más o menos similares a los que se intuyen (o se leen) en las epigrafías prerromanas; pero sin aplicar conjugaciones ni declinaciones. Como hipótesis intermedia cita la de Don Julio Caro Baroja, quien acepta la raiz vasca de los escritos iberos, pero matizándola y considereando que una parte de las palabras que allí se contienen también hubieron de ser de origen celta.



Ni que decir tiene que toda frase sobre la cultura que Julio Caro Baroja dicta, es más que un acierto, un enigma resuelto. Estamos plenamente de acuerdo en la base y en el planteamiento del sabio, tanto que yo (al menos) me he aventurado a creer no solo que una parte del idioma ibero hubo de tener palabras celtas (indoeuropeas), sinó que todo él es protoindoeuropeo, por lo que entre el celta y el íbero habría grandes concomitancias. Nuestra teoría (al menos la mía) es que el pueblo que habitó durante entre los milenios del V al III a.C. en la Península, generando el megalismo, fué ampliamente influido por corrientes llegadas del Mediterraneo Oriental (en especial desde Egipto -vía Tasili o bien a través de mar, y de Mesopotamia, vía la franja de Canaán y Anatolia -a través de las islas Chipre-Creta-Malta). Más tarde, desde el 3000 al 2000 a.C. (aproximadamente), estos civilizadísimos megalitistas de nuestra Península entran en el Bronce, al ser aculturados -o colonizados- por gentes venidas desde el Este Mediterraneo (buscadores de metal); desarrollando así la cultura de Los Millares. Pero desde fines del III milenio, una nueva civilización del Bronce Pleno se genera (El Argar); debido a que buscan el elemento que se precisa para fundirlo con una mayor resistencia. El estaño. De tal manera y necesitando la casiterita para conseguir la perfecta aleacíón del bronce (que consiste en un 92% de cobre y un 8% de estaño) han de venir los expedicionarios hasta lo que luego llamarían Iberia.


 

Podemos preguntarnos por qué llegaron hasta la Península Ibérica esas gentes (hacia el 2100 a.C.) para instalarse y generar una nueva cultura que precisamente se denomina El Argar (de "argento", la plata, cuyas minas van siempre unidas a las del plomo). Aunque para mí, la respuesta es obvia: En todo el Mediterraneo no hay más yacimientos de estaño que los de nuestras tierras. Encontrándose casiterita durante el periodo antiguo tan solo en la Península Ibérica y tras ello, en las cercanías del Cáucaso (a más de la existente en las Islas Británicas y otros lugares ya muy lejanos al "radio de acción" de las civilizaciones del Bronce: Egipto y Mesopotamia). Este creemos que fue el motivo que genera la venida al Oeste de gentes trasladadas desde el Oriente; primeramente en los siglos de Los Millares y más tarde durante El Argar (periodos que cubren desde comienzos del IV milenio, hasta mediados del II milenio a.C.).







Por cuanto decimos, es nuestra opinión (la mía) que en estos siglos que cubren desde el XL, hasta el XVII a.C., en la Península hubo un sustrato de gentes venidas de zonas cercanas al Egeo y Asia Menor. Una primera civilización marinera y colonizadora que inició Los Millares y El Argar, y que fundamentalmente pudo tratarse de cretenses y anatolios costeros; quienes navegaban y comerciaban para los egipcios. Unas gentes que ya en el 4000 a.C. tenían embarcaciones suficientemente preparadas como para alcanzar tierras lejanas (tal como muestran sus tablillas y sellos), donde obtenían nuevos e increibles productos para vender en Egipto, o hacerlos llegar a Mesopotamia. De tal manera creemos que los minoicos más tempranos y los chipriotas del primer Bronce pudieron colonizar nuestras tierras, en busca de sus metales. Puesto que ya a comienzos del IV milenio a.C. Creta y Chipre (culturas metalúrgicas por excelencia) mercadeaban con Egipto y con algunos semitas o árabes, quienes consumían sus productos, llevándolos en caravanas desde Oriente Medio hasta el Tigris y el Eúfrates.

Lo que narramos podrá parecernos extraño y hasta exagerado, habiendo quienes consideren que la llegada de gentes desde la zona creto-chipriota en el IV milenio a.C. a nuestras costas, es solo una hipótesis. Pero mucho más raro sería fabricar bronce sin estaño; algo que resulta imposible. De lo que no habiendo yacimientos de casiterita en el Mediterraneo (al menos en la Antigüedad) aquellos buscadores de metales de La Edad del Bronce hubieron de llegarse hasta nuestras costas -o hasta las del Cáucaso, junto al mar Negro, donde también se dan minas de plomo argénteo-. Evidentemente, desde Creta y Chipre (o las costas de Oriente Medio) era relativamente fácil alcanzar durante el verano -costeando- las tierras de la Almería deshabitada y paradisiaca, del 4000 a.C. (en una ruta lejana y apartada de aquellos pueblos del Oriente Mediterraneo, quienes ansiaban los preciados metales). Pero pudo ser casi imposible llegar desde Creta y Chipre hasta el Mar Negro, cruzando el Bósforo; para adquirir el "plomo plateado" en un ya conocido y estratégico punto minero del Cáucaso; lugar que dominaban y frecuentaban gentes llegadas de Anatolia (y sobre todo los mercaderes de Mesopotamia, tanto como los primeros "troyanos" ya controlaban estrechamente el paso por El Bósforo).

Por todo ello, no debemos dejar de pensar que la ruta más fácil para hacerse con el indispensable estaño -desde el siglo XL al XV a.C.-; fué embarcarse hacia el Occidente, donde partiendo de tierras cercanas a Asia Menor y costeando en una "chalupa", en tan solo unas semanas se llegaba hasta El Argar (o Los Millares). Ello creemos que es el sustento, el origen y el motivo de estas civilizaciones metalúrgicas que surgen y conviven con el megalitismo en La Península y que generan el llamado Bronce Ibérico; donde sociedades como las de Los Millares o de El Argar llaman la atención por su gran avance (solo comparables con las de Asie Menor o las islas del Egeo). Igualmernte, creemos que esta aculturación venida de las proximidades de Oriente Medio, en la Edad del Bronce, trajo sus idiomas y sus costumbres. Costumbres que podemos ver en la refinadísima joyería que se dá en toda la Península durante el III y II milenio a.C.; con diseños solo comparables a la orfebrería egipcia o mesopotámica (muestra de ello son los múltiples tesoros hallados en yacimientos megalíticos o del Bajo Bronce).

Pero a su vez, creemos que estos metalúrgios llegados de Oriente y que colonizaron la tierras nuestras (sobre todo con fines de explotación de sus yacimientos de estaño) trajeron su idioma. Una lengua proto-indoeuropea, cercana a la que hablarían y escriben ya en el Minoico Lineal A. Idioma del que yo personalmente creo y considero pudieron surgir las primeras voces ibéricas y que darían finalmente como resultado una lengua común para entenderse entre todos los metalurgios de la Península. Lengua de la cual derivaría el ibero y por lo tanto el vascuence -siendo esta mi teoría, que evidentemente no cuadra con lo que TEXTOS IBEROS expone, por lo que continuamos con el análisis de este libro-.


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, página 37 de TEXTOS IBEROS en la que sigue tratando sobre el ibero-vasquismo, manteniendo que no es una hipótesis viable. No es este nuestro criterio exactamente (el mío en particular es otro diferente); aunque resumimos lo que sobre el tema nos dice: Expone primero que existía ya una conocida división de los remotos pobladores de la Península, añadiendo que un hecho que puede demostrar que el alfasilabario ibérico no es euskaldún (ni en su origen ni en la lengua que contiene) se advierte al observar cómo los vascos no escribieron en su idioma durante el periodo antiguo -al menos en tiempos romanos, ni hasta bien entrada la Edad Media-. Reflexionando finalmente que ningún pueblo olvida su escritura, si permanece hablando un idioma que ya ha redactado.

ABAJO: Imagen de una "expedición naval" de los frescos del palacio de Cnossos, que han de fecharse con anteriroridad al 1600 a.C.. Observemos en ella como ya los barcos navegan a remos (en primer término) o a través de un extraño sistema de propulsión que no acertamos a desentramar, pero parecen ruedas y velas (tal como vemos en la nave grande a la derecha). En sellos y placas de arcilla del IV milenio a.C. (dos mil años antes de este "cuadro"), también pueden observarse cómo los minoicos más tempranos ya gozaban de embarcaciones capaces de flanquerar cientos de millas en rutas de altura (no olvidemos que la isla de Creta está a varios días de trayecto desde el punto más cercano y fué habitada desde tiempos muy remotos). En nuestra opinión, estos pueblos que vinieron hasta nuestras tierras en búsqueda de estaño -primero- y más tarde de oro y plata, fueron los que trajeron las primeras culturas y el primer idioma. Una lengua protoindo-europea egea, próxima a las eteo-cretochipriotas (muy cercana a la que se mantuvo entre los hititas); de la que pudo derivar perfectamente el vascuence (siendo ello tan solo una teoría personal y mía).



Aclararemos el punto en que nos dice cómo los iberos eran tribus y gentes distintas, sin homogeneidad racial ni cultural, ya en época de los griegos y romanos. Ello es cierto, de algún modo, pero no del todo. Pues no lo podemos aceptar, debido a que los escritores clásicos denominan iberos a todos quienes habitan tras los Pirineos y hasta el Sur peninsular (e incluso a algunas tribus de la zona de Aquitania y el bajo Ródano). Siendo así que en los textos de autores más antiguos leeremos como la palabra Iberia es sinónimo de la posterior Hispania (romana); a la vez que el término ibero es casi análogo al de hispano. Concibiendo siempre los geógrafos (desde Herodoto y Estrabón, hasta los escritores romanos), que Iberia es un territorio comprendido entre la Galia y África, donde habitan tribus que tienen en común muchísimo rasgos (culturales y raciales). Condiciones tan particulares, que los hacen distintos a todos los otros celtas y europeos vecinos; tanto como para llegar a reconocer iberos a algunos pobladores del territorio galo, donde en las zonas de frontera con el Pirineo también se consideran varias tribus como ibéricas asentadas entre celtas. Esto es lo que leeremos en los textos de griegos y romanos, e incluso en el periplo de Rufo Festo Avieno, Ora Marítima (viaje de un marsellés, perteneciente al siglo V a.C.), donde la unidad de Iberia y la común cultura de sus habitantes se vislumbra de continuo.

Claro está que entre los iberos se distinguían: Turdetanos (tartessios), vettones, arevacos, lusos y largo etcétera. Tal como entre los helenos se diferenciaban: Atenienses, espartanos, lidios, milesios y ... . Griegos que también podían distiguirse según sus las regiones, en: Tesalios, áticos, mecedonios, feacios, focenses y demás. Diferenciaciones que no implican nunca que los helenos dejaran de ser una unidad cultural y una civilización común. Pese a lo que quizás tuvieran grandes desaveniencias -e incluso desuniones y enemistades fraticidas-; pese a lo nadie concibe el mundo griego, ajeno a una unidad cultural (al menos desde su florecimiento tras la caida de Troya y el dominio del los aqueos -ya por el siglo XII a.C.-).

Lo mismo sucede en Iberia, donde podemos distinguir cientos de tribus y decenas de particiones, pese a lo que a todos ellos los autores clásicos citan o mencionan siempre como "iberos". Algo que conforma la Hispania romana, que ya se concibe unida culturalmente y tan solo dividida en dos (Ulterior y Cilterior). Separada en algún modo de Lusitania, aunque los lusitanos fueron igualmente considerados iberos (pese a quienes también dirán que no lo eran). Más la Historia, hechos son y no solo los lusos han de cosiderarse iguales en origen a los hispanos, sinó que el propio Viriato, el héroe entre los iberos de Hispania, era luistano de nacimiento y por familia. Ante lo que podemos preguntarnos: ¿Si no eran iguales a los hispanos y los lusitanos; cómo un general nacido en tierras "portuguesas" pudo aglutinar y luchar, encabezando a los iberos de la Meseta?.

El personaje de Viriato nos trae a colación otra pregunta: ¿Hablaban tan diferentes idiomas unos y otros los iberos?... Si ello es cierto: ¿Por qué Viriato y otros tantos caudillos ibéricos, tenían capacidad de pactar unos con otros y hasta de mover tropas, establecerse o mandar sobre turbas; tan pronto en Lusitania, como en Turdetania, o bien en la Meseta Central?. De lo que vuelve a surgirnos otra cuestión: ¿Si no hubo un idioma común a los iberos, cómo un lusitano se pudo hacer lider de ellos por toda la Península, mandando ejèrcitos en las proximidades de Numancia, lo mismo que en el Sur de Portugal, o junto a Sanabria?. Este y otros hechos obligan a pensar que sí hubo una unión plena entre los diferentes iberos (sobre todo lingüistica) y ello explica que todos, absolutamente todos, usaran un alfasilabario muy semejante (con algunas variaciones, tanto como entre los helenos había diferentes dialectos y hasta sistintos abecedarios en época arcaica).

Como final a estas ideas sobre una unidad plena entre los distintos tipos de iberos, que tuvieran una lengua común o muy cercana (que no solo afirmamos nosotros, sinó que igualmente citan todos los autores antiguos). Diremos que seguramente debido a aquella unidad, la conquista de Iberia por los romanos debió ser tan compleja y larga. Habiendo de realizarla en continuas campañas con enormes despliegues; ya que desde la aparición de Escipión el Africano en nuestras tierras, hasta la caida de los últimos baluartes hispanos (como Termantia, Calgurris, o la zona Cántabro Astur) transcurrieron casi doscientos años. Dos siglos de luchas entre la poderosa Roma y un pueblo que para lograr no ser dominado hubo de permanecer unido y organizado. Unión que habría de comenzar por la tenencia de un idioma común o muy próximo. Sin el cual es imposible pensar que en la antigüedad los iberos pactaran entre ellos; llegaran a coordinar y comandar ejércitos cohesionados, ni menos tuvieran una plena consciencia de pueblo aglutinado, que deseaba luchar unido contra un invasor común a todos. Por todo ello, creemos que entre los iberos hubo una lengua común o muy cercana, usada por todos ellos para comunicarse desde tiempos inmemoriales, convivir y pactar. Un idioma ibérico con el que serían redactados sus textos (o epigramas).

SOBRE ESTAS LINEAS: Brazalete de Cantonha, del tipo Estremoz de oro puro. Perteneciente a la cultura megalitista (Bajo Bronce, hacia el siglo XII a.C.; propiedad del Museo Nacional Arqueologico de Lisboa, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Esta joya de refinadísima facturación es un ejemplo de las decenas y hasta centenares de pulseras, torques y brazaletes que se han hallado pertenecientes al la Edad del Bronce (en España y Portugal). Su forma de elaboración deja claro que aquellos orfebres que trabajaban en el III y II milenio a.C. en la Península, tenían una técnica solo equiparable a la de los egipcios o mesopotámios (de entonces). Puesto que si observamos la joyería muy posterior, incluso de la más avanzada Edad del Hierro y en todo el Mediteraneo (incluida la Península Ibérica), nos será casi imposible hallar piezas con este grado de refinamiento (debiendo llegar hasta el periodo clásico grecorromano para encontrar una joyería similar en su calidad de trabajo, a la que vemos arriba fotografiada).

ABAJO: Idolillo en oro, con forma de hueso y pechos (u ojos); del tipo El Argar (figura procede de Vila Nova de Cerveira y que pertenece al Museo de Viana do Castelo; al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Se data entorno al 2000 a.C. y se trata de una deidad muy similar a las que aparecen talladas en pizarras, o en cerámica coetáneas a El Argar. Su trabajo en oro es igualmente prodigioso, tanto como su calidad y simbología deja ver claramente que pertenece a una cultura metalúrgica muy avanzada. Esta, junto a centenares de piezas en oro y plata que se han hallado entre los dólmenes, megalitos, o enterramientos en cuevas; nos lleva a pensar como la civilización que se dió en la Península ibérica -durante El Bronce-, fue una de las más importantes y avanzadas de este tipo y de su tiempo. Surgiendo de ella, probablemente, el concepto y la cultura ibérica (e incluso posiblemente un idioma común en casi toda la Península) .


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, página que cierra el capìtulo VI, hablando sobre la teoría de Julio Caro Baroja; que afirma cómo aunque se parta de una tesis vasco-iberista, el planteamiento ha de ser más profundo. Es decir, que no solo puede tenerse en cuenta el idioma euskaldún para pretender traducir la epigrafía ibera; sinó que han de tenerse en cuenta otros idiomas que pudieron convivir con este en la Península (en especial los de origen celta).
ABAJO: Ajuar con  pulsera de oro, de la Edad del Bronce ibérico. Centenas, por no decir miles, son los hallazgos habidos en los que se ha encontrado una joyería insuperable en cuanto a su elaboración y belleza. Toda ella pertenece a un tiempo en el que "teóricamente" la Península estaba en la nebulosa de la preciviliación y en un periodo que se considera "cuasi salvaje". Pese a ello, sus enterramientos y los ajuares que presenta en aquellos, son tan solo comparables con los hallados en otras grandes culturas, tales como Egipto o Mesopotamia (siendo muy anteriores a las del Heládico Anterior -del Egeo previo a Micenas-; e incluso muy superior en su elaboración a toda la joyería posterior micenia).